Marco Aurelio de los Santos

El ex Rector trató, sin éxito, de ser canciller a la salida de Ebrard.

La historia detrás de los movimientos en el gabinete dice mucho más de lo que se supo y se dejó ver oficialmente. El nombramiento de Alicia Bárcena es una reivindicación, desde Palacio Nacional, a la mujer que hace poco fue la candidata mexicana que perdió la Presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo, por decisión (veto en realidad), de los Estados Unidos debido a sus inocultables filias con los regímenes castrista y chavista de Cuba y Venezuela, según los norteamericanos.

Pero la parte más interesante de los entretelones de la decisión está en Nueva York, donde radica un inconsolable Juan Ramón de la Fuente. Luego de cansarse de despreciar las invitaciones del presidente López Obrador a formar parte de su gabinete, en los últimos meses el nunca sencillo y menos humilde Juan Ramón, decidió que siempre sí, que era momento de hacerle el favor al presidente, de dar lustre a su gabinete con su rimbombante apellido y su inmenso prestigio personal.

El ex rector, que por cierto nunca ha defendido a la UNAM a lo largo del sexenio, informó de su disposición de relevar a Marcelo Ebrard en la Cancillería, celebró largas reuniones con especialistas y miembros del Servicio Exterior para que le explicaran, con detalle, funcionamiento y agenda de cada Subsecretaría y Dirección General. Quería saber todo: desde quién en la dependencia entiende, de verdad, América del Norte, hasta quién en México conoce los resortes que mueven el Foro Sao Paolo y, por supuesto, en quién podía confiar para relanzar el nombre del país en la Unión Europea.

De la Fuente estaba tan interesado en integrarse, ahora sí, al mismo gabinete que al inicio del sexenio rechazó, y se sentía tan seguro de su nombramiento, que ofreció informalmente varias direcciones generales a quienes invitó a acompañarlo en la responsabilidad que estaba seguro asumiría en breve.

Cuando la renuncia de Ebrard se hizo inminente y Juan Ramón no recibió la nueva invitación que esperaba de Palacio Nacional, intuyó que alguien podía estarlo obstaculizando. Así, con su autoestima en lo más alto, como acostumbra, viajó a México sin permiso, para buscar al presidente y remover directamente cualquier obstáculo, seguro de que no necesitaba cita para ser recibido.

Su sorpresa debe haber sido mayúscula cuando los asesores presidenciales le dijeron, amablemente por supuesto, que su visita no estaba agendada y no sería recibido de inmediato, que les informara del asunto que quería tratarle al presidente para que este hiciera su valoración, en privado, antes de darle cita.

El momento de infarto para el embajador debió llegar cuando se vio obligado a confesar que buscaba reiterarle al presidente su disposición para hacerse cargo de la Cancillería, pues con eso se acabaron sus posibilidades de ver a López Obrador.

Los propios asesores presidenciales le respondieron a de la Fuente que no estaba en la lista de aspirantes a suceder a Ebrard, que el presidente definitivamente no trataría ese tema con él, y que su pretensión, llegar a la Cancillería, era inviable por varias razones: 1) Su eventual nombramiento resultaría incongruente, pues él está señalado como uno de los responsables de la falta de médicos especialistas en el país que ha denunciado López Obrador; 2) También se le identifica como el artífice de la derechización de la UNAM que tanto incomoda al mandatario y 3) Su integración al gabinete, a estas alturas, solo podría ser leída como una señal para darle continuidad al grupo de médicos que han acaparado y controlado la UNAM durante los últimos 25 años; justo con los que el presidente se encuentra tan molesto que hasta se ha iniciado una investigación sobre las cuentas personales de Enrique Graue.

De la Fuente no pudo ver al presidente y su proyecto de ser canciller murió definitivamente, pero más importante aún es el mensaje que el embajador antes super influyente, se llevó en el sentido de que, aunque hay afecto, ha perdido mucho peso en el ánimo de López Obrador, y hoy no lo quieren cerca de la UNAM, justo porque viene la selección de un nuevo rector.

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