Alma María Parker

Conforme se acerca agosto, la temperatura política en la UNAM se eleva y uno de los signos que lo confirman es el intento de un ave de tempestades, Eduardo López Betancourt, de recuperar la posición que perdió con la suspensión de actividades docentes que se le impuso por el proceso penal, por acoso sexual y tratos crueles en agravio de una alumna, que enfrenta desde hace ya más de un año.

A pesar de las protestas de López Betancourt, el Juzgado de Distrito que conoció su más reciente intento por regresar a la UNAM, un amparo, resolvió que la suspensión académica que hay sobre el profesor, no afecta su derecho a gozar de los años sabáticos que solicita, pero estos podrán empezar a correr cuando esa suspensión académica sea revocada; lo que depende del avance y resultado del juicio penal que enfrenta el profesor, quien dicho sea de paso, sigue cobrando su salario completo, aunque no pueda poner un pie en la Universidad.

Combativo hasta lo rijoso, aunque no ha sufrido ningún menoscabo ni en su salario ni en sus prestaciones laborales, López Betancourt intenta por todas las vías, regresar a visitar el campus universitario; dicen quienes lo conocen que lo hace para estar en condiciones de intervenir en el proceso de selección del próximo rector. Sin embargo la restricción judicial para evitar que se acerque a la alumna que lo denunció, dio pie para que el Consejo Técnico de la Facultad de Derecho le impusiera una suspensión de actividades académicas, sin afectar ni su sueldo ni su antigüedad.

Con esa suspensión y la restricción judicial, el ex presidente del Tribunal Universitario no puede aparecerse en Ciudad Universitaria, no puede ir a la Rectoría y tampoco puede hacer campaña en contra de los miembros de la Junta de Gobierno, a quienes ha descalificado y hasta insultado en repetidas ocasiones, impulsando la peregrina idea de una elección de rector por voto universal de la comunidad, justo como la que propone Imanol Ordorika.

Así, como ahora ni la ley ni la suerte están del lado de López Betancourt, el veleidoso abogado, especialista en escandalizar, amedrentar e intimidar a todos para obtener beneficios al interior de la UNAM, no podrá ni siquiera ladrar porque esta vez tiene puesto un bozal, y uno bien ajustado. (AMP)

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