No ha resuelto ninguno los problemas administrativos de la UNAM, pero como tiene una relación privilegiada con Claudia Sheinbaum, se siente con derecho a ocupar la Rectoría

David Espinoza Villegas

Uno de los funcionarios universitarios que menor capacidad de trabajo y menos compromiso demostró durante los años de la Pandemia, particularmente con la planta académica, es Luis Álvarez Icaza Longoria. Sin embargo, como por arte de magia y a pesar de su pobre desempeño como secretario de Administración, hoy está apuntado, y apuntalado en prácticamente todas las listas de aspirantes, como un sólido prospecto para relevar a Enrique Graue en la Rectoría de la UNAM.

La Pandemia representó grandes retos para la universidad. El mayor fue construir un sistema educativo, sobre la marcha, que funcionara a distancia para respetar el confinamiento obligado. La UNAM tenía un campus virtual subutilizado que sirvió para que su tarea más importante, la enseñanza, se mantuviera  cuando se decretó el alto total por razones de salud. Las aulas virtuales funcionaron, pero el proceso no fue automático, pues había que capacitar profesores y dotar de herramientas técnicas de apoyo al campus virtual, además de hacer un trabajo administrativo especial para detectar las necesidades materiales que la nueva realidad establecía.

Justo en eso falló Álvarez Icaza. En el momento más importante, demostró su verdadera estatura. Cuando había que crear una universidad virtual y asegurar la disposición voluntaria del personal, cuando se requerían los recursos económicos listos y fluyendo, para que la operación “en línea” no se detuviera mientras la UNAM desplegaba su sistema de aulas virtuales e iniciaba los cursos A Distancia, pero en tiempo real, el responsable de la administración falló escandalosamente.

Álvarez Icaza literalmente abandonó a los secretarios administrativos de las facultades y escuelas, justo donde están los alumnos. Los dejó a su suerte y no estuvo al pendiente de las nuevas necesidades derivadas del cambio de modelo operativo. En ese momento, en la UNAM era indispensable apoyar a los estudiantes y a los profesores, pues tomarían e impartirían clases en y desde sus casas, o sus oficinas particulares. Los alumnos necesitaban herramientas tecnológicas para conectarse a las aulas virtuales: computadoras personales o tabletas en préstamo. Nada de eso estuvo a tiempo porque Álvarez Icaza no fue capaz de destrabar los obstáculos burocrático-administrativos para dotar de dispositivos, a tiempo, a los estudiantes.

Los profesores, además de capacitación para manejar las plataformas, requerían de servicios de internet con velocidades adecuadas para poder mantener funcionando durante horas, sus aulas virtuales. Esa clase de conexión tiene un costo y correspondía  a la UNAM, no a las facultades ni a los profesores, menos a los de asignatura, cubrirlo. El área de Administración, Álvarez Icaza, se desentendió y descargó en facultades y profesores el gran costo de la conectividad de las aulas virtuales.

Eso no fue todo. El poco profesionalismo del secretario de Administración dejó sin el pago de su salario, en plena pandemia, a una importante cantidad der profesores de asignatura de diferentes facultades, lo que creó un conflicto que estuvo a punto de estallar un a huelga universitaria, justo cuando el campus estaba cerrado y la UNAM trabajaba en línea.

Por increíble que parezca, con esa lista de desaciertos graves, Luis Álvarez Icaza aspira a ser rector de la UNAM.

Un comentario en «Álvarez Icaza, administrador de la mediocridad»
  1. Definitivamente no merece ni lejos de estar en una terna y mucho menos aspirar a Rectoría, lo demostrado cuando mucho le dará para renunciar por vergüenza si tiene algo de valor civil, que lo único que se espera de este triste personaje es que se disculpe y desaparezca de cualquier responsabilidad.

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