REDACCIÓN
El final de 2024 obliga a la reflexión, que para muchos es simplemente el recuento de los daños.
1.- México vive una etapa particularmente violenta a pesar de analistas que traten, a partir de porcentajes, de defender tendencias supuestamente decrecientes de asesinatos y desaparición de personas.
2.- El crimen organizado se ha hecho del control de territorios más grandes que nunca y he establecido presencia, ahora sí, en todas las regiones del país, incluida la ciudad de México que se suponía un oasis.
3.- El presidente llega al final de su mandato con sólido respaldo popular, una concentración de poder inusitada y, para muchos, muy poco sana para la transmisión del mando que se avecina.
4.- Las campañas presidenciales arrancaron anticipadamente amparadas en eufemismos y el permiso alcahuete de unos organismos electorales, INE y TEPJF, sumidos en crisis políticas y administrativas, pero también de legitimidad.
5.- El salario mínimo crece a ritmos muy superiores al crecimiento económico y eso se celebra como una reivindicación, ignorando intencionalmente que cada día le resta más competitividad al país.
6.- El peso mexicano se ha revaluado como nunca, en parte por la espectacular entrada de remesas desde los Estados Unidos, pero a pesar de eso y del aumento del salario mínimo, la población no tiene mayor poder adquisitivo.
7.- Un fenómeno de inflación subyacente combinado con falta de crecimiento económico, ha hecho cada vez más difícil mantener su nivel de vida a las clases medias, y ha deteriorado gravemente la canasta alimentaria de las clases bajas, a pesar del aumento decretado a los salarios mínimos.
8.- En Nuevo León, un gobernador que se comporta como adolescente y sueña con ser norteamericano, pero que acabó convertido en el hazmerreir de la política nacional, intentó un golpe de estado para ser candidato presidencial y sigue retando el orden constitucional de su entidad. A pesar de todo, continúa en funciones.
9.- Dos mujeres se disputan desde ahora la Presidencia de la República que debería cambiar de manos en 2024. ninguna de las dos emociona ni esperanza, y para mala fortuna de ambas, el presidente en funciones toma decisiones con impactos directos a lo que será el sexenio que a él ya no le corresponderá gobernar, de acuerdo a la constitución.
10.- Un aeropuerto en números rojos, un tren inaugurado cuando la obra no está ni a la mitad y una refinería que no refina todavía un solo barril de petroleo, han devastado la estabilidad y la solidez de las finanzas públicas. Como consecuencia, México ha regresado a la espeiral del endeudamiento externo, con altísimos déficit en sus presupuestos públicos.
Todo es, apenas una parte del coctel, ya preparado para 2024.
